Publicado: Mar 3 Oct 19:02 pm

Los otros chauvinismos

Es cierto que nuestro folclore es, hasta cierto punto, invasivo en varias regionaes del sur del Perú, incluso Lima es testigo pragmático de nuestra devoción, alegría y carnaval, tan apasionado y contagiante; pero no encuentro justificación al complejo de superioridad, del “neochauvinismo” regional se disfraza de intolerancia, ni de adentro hacia afuera de nuestras regiones ni y al revés. #UnPocoDeHistoria sobre los aportes que Puno comparte con Moquegua, comparto con ustedes una opinión de Pablo Peralta Casani, amigo historiador con el que en muchos puntos estoy de acuerdo:

A propósito de este afiche, debo decir que engloba exclusión, ignorancia e hipocresía. Debido a que lo han asumido como un tema de “identidad”, me veo muy implicado y preocupado por tal. Si hay una ciencia que contribuye más que cualquier otra en la formación de la identidad, esa es la Historia, por lo tanto me compete más que a nadie este asunto. Digo que es exclusiva porque en vez de promover nuestra propia cultura (danzas, historia, etc), se tacha a la otra, a aquella que quieran o no, identifica a un buen sector de nuestra población.

Es ignorante porque se asume que el término identidad es inamovible, perpetuo, y no se toma en cuenta que la identidad es mutable, o como diría el gran Bauman, que se alimenta de diásporas (otras culturas) que finalmente la renuevan. Es doblemente ignorante porque se cree que la relación del Altiplano con Moquegua es reciente, que solo se dio con la migración, pero no recuerdan a Tiahuanaco en Moquegua, no recuerdan que durante la Colonia Moquegua perteneció a la Audiencia de Charcas (léase Puno y Bolivia), y peor aún, que alguna vez, a inicios de la República, Moquegua intentó incorporarse a Bolivia por sus propios medios. Sepan bien que el Altiplano es parte de nuestra identidad. Es hipócrita porque aquellos que promueven la tacha, en su mayoría, jamás han practicado una danza moqueguana. Quien escribe esto ha danzado durante su etapa escolar y universitaria con gozo y placer, y sabe muy bien cuantos practican nuestras propias danzas.

Me es preocupante esta situación, probablemente porque es la mayoría quien defiende esto. Sin embargo tengo fe. Tengo fe en que nuestros niños, quienes han dejado en alto el nombre de Moquegua en educación, crezcan con la profunda consigna del respeto hacia quienes no son iguales a ellos. Tengo fe en que ellos promuevan sus ideas con argumentos y no impongan prepotentemente la exclusión. Creo en una Moquegua tolerante y que se aperture a los demás. Si van a pretender suprimir las sayas y caporales, créanlo, van a encontrar en mí un duro escollo.

El nechauvinismo regional se disfraza de intolerancia.